lunes, 3 de junio de 2013

Bartebly y compañía



La única cosa que no puede hacer el escritor es dejarse influenciar por sus sentimientos cuando ya tiene una historia. Antes, está bien. Puedes llorar pensando en cómo van a terminar tus personajes, gritar, reírte, emocionarte. Pero después solo tienes que escribirlo, no puedes dejar que tu estado anímico de ese día cambie la historia, ni mucho menos lo que está ya escrito. Porque así se ha de quedar, casi.
Es todo lo contrario de lo que he hecho yo siempre. Acostumbrada a escribir un diario bastante irregular e incoherente y con ganas de contarlo todo en una sola página, porque a decir verdad, me daba pereza escribir más de unas tres páginas para contar 2 años, tengo ante mí cientos de páginas de ordenador en blanco que sé que se tienen que rellenar con cosas que no me gustan, porque no son directas, porque no describen sentimientos, porque yo ya sé cómo pasó todo. Pero no estoy escribiendo solo para mi, ¿o sí?

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